Guia literaria de Roma; un mapa de la ciudad eterna a través de las palabras de escritores de todos los tiempos. Se agradecen pistas y aportaciones: i.echartevidarte@gmail.com.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Cómo vivir: una vida con Montaigne en una pregunta y veinte intentos de respuesta. (Sarah Bakewell)
La ciudad clásica era muy evidente en torno a ellos, aunque en realidad Montaigne y su secretario no iban pisando las huellas romanas, sino que andaban muy por encima de ellas. Tanta tierra y escombros se había acumulado a lo largo de los siglos que el nivel del suelo había subido varios metros: lo que quedaba de los antiguos edificios estaba enterrado, como las botas en el fango. Montaigne se maravilló al darse cuenta de que a menudo andaba por la parte superior de los antiguos muros, algo que sólo resultaba obvio en los puntos en que la erosión por la lluvia o las rodadas de los carros descubrían algún atisbo de ellos. "Ha ocurrido a menudo", escribía, con un estremecimiento de júbilo, "que después de cavar mucho en el suelo, la gente ha dado simplemente con la parte superior de una columna muy alta que todavía está en pie por debajo".
Hoy en día ya no es el caso. La excavación ha liberado la mayor parte de las ruinas de nuevo hasta sus tobillos, y algunas se han recompuesto. Hoy en día, el Arco de Severo se alza en el aire; en tiempos de Montaigne, sólo sobresalía la parte superior. El Coliseo era un montón de piedras sueltas llenas de hierbajos. Los edificios medievales y modernos habían crecido también por todas partes: la gente construía encima de las ruinas o reciclaba materiales antiguos para construcciones nuevas. Las losas de piedras seguían recolocándose a niveles superiores para remendar algunas paredes o formar casuchas. Algunas zonas habían sido completamente despejadas para dejar espacio a proyectos triunfalistas como la basílica de San Pedro, completamente nueva. La historia romana no yacía es estratos limpios: se había mezclado y reordenado repetidamente, como después de un terremoto.
El resultado era sugerente, pero creaba una imagen de la antigua Roma en la misma medida en que un huevo revuelto nos trae a la mente un huevo entero y recién puesto. De hecho la moderna Roma se había formado mediante un proceso similar al que usó Montaigne para escribir sus Ensayos. Añadiendo citas y alusiones sin cesar, él reciclaba sus lecturas clásicas igual que los romanos reciclaban sus piedras. La similitud se le ocurrió a él mismo, parece ser, y en una ocasión dijo que su libro era un edificio construido a base de escombros de Séneca y Plutarco.
Sarah Bakewell. Cómo vivir: una vida con Montaigne en una pregunta y veinte intentos de respuesta. Ariel, 2011.
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