Guia literaria de Roma; un mapa de la ciudad eterna a través de las palabras de escritores de todos los tiempos. Se agradecen pistas y aportaciones: i.echartevidarte@gmail.com.
domingo, 7 de septiembre de 2014
Carta a la presidenta. Un viaje sicalíptico por Italia. (Théophile Gautier)
En Roma se hace el amor con los pequeños abates, pero las mujeres tienen un miedo horrible de los eclesiásticos y de los papistas vestidos de aljofifa que les meten sus hisopos en el culo, rociándoles el interior del vientre de leche de predicador, la más fluida de todas, si hay que creer a Beroalde de Verville. Toda puta puede estar casada, si no, la encarcelan y los puteros, si los prenden, pagan trescientos francos de multa. La única industria de los romanos es casarse con una hermosa muchacha que prostituyen con cardenales y funcionarios A pesar de la apariencia decente, aquí reina una sífilis espléndida, americana, tan pura como en tiempos de Francisco I. El ejercito francés al completo está encamado; los bubones explotan en las ingles como obuses, la blenorrea brota en chorros purulentos y rivaliza con las fuentes de la Piazza Navona; úlceras y papilomas cuelgan en franjas purpúreas en el trasero de los soldados, minados en sus fundamentos: las tibias se exfolian en excrecencias tumorales como columnas de mármol serpentino en una ruina romana; constelaciones pustulosas estrellan los deltoides del Estado Mayor; se ve pasear por la calle a tenientes manchados y moteados como panteras por roséolas, pecas, manchas de color café, excrecencias verrugosas, tumores cornudos y criptógamos y otros accidentes secundarios y terciarios que aquí aparecen al cabo de quince días. Veis a los coroneles e incluso al soldado raso marchar al compás con las piernas despatarradas al tener monstruosas gorroneas sepultadas en los genitales como hernias. Parecen ladrones de calabazas que habrían escondido su latrocinio dentro de los pantalones. Ningún falo está derecho; todos se comban en tortuoso pliegues como la serpiente de mar de M. Jean Racine o como el nabo que sirve de miembro al asno de Vacquiere (de 34 años de edad). Quinientos penes están a punto de espicharla y un millar de hombres lesionados solicitan a los capuchinos hacia Los Inválidos. Las romanas nos han herido a más hombres que los romanos; es una lastima, porque son hermosas hasta la ofensa, de una belleza pesada, compacta, maciza, pero incontestable.
Théophile Gautier. Carta a la presidenta. Un viaje sicalíptico por Italia. Abada Editores, 2014.
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