Guia literaria de Roma; un mapa de la ciudad eterna a través de las palabras de escritores de todos los tiempos. Se agradecen pistas y aportaciones: i.echartevidarte@gmail.com.
martes, 16 de septiembre de 2014
Que empiece la fiesta (Niccolò Ammaniti)
Reconfortado por aquellos pensamientos, siguió avanzando contra el viento. La lúgubre silueta de Castel Sant´Angelo se veía envuelta en agua. Cruzó el puente de los ángeles. El rio crecido bramaba bajo sus pies y se encañonaba en los pilares.
En la otra orilla había una pared de chapas que parecía una serpiente rechinante e inquieta. Las bocas de alcantarilla vomitaban torrentes de agua gris que fluían impetuosos por los bordillos. En las bocacalles que conducían al centro histórico había agentes de tráfico con impermeables amarillos y señales tratando de encauzar la afluencia de vehículos. Aquello parecía el éxodo de una ciudad tras una amenaza de bombas.
(...)
Cuando comen al aire libre los romanos suelen debatir cuál es el parque más bonito de la ciudad. Al final, como no podía ser menos, se disputan el podio Villa Doria Pamphili, Villa Borghese y Villa Ada.
Villa Doria Pamphili, en Monteverde, es el parque más extenso y escenográfico; Villa Borghese, en el centro de la ciudad, el más famoso (¿quién no conoce la terraza del Pincio, desde la que se goza de una inolvidable vista del centro de Roma y de la piazza del Popolo?); Villa Ada es, de las tres, la más antigua y salvaje.
Al modesto entender del autor de esta historia, Villa Ada se lleva la palma. Es un parque vastísimo, de cerca de ciento setenta hectáreas de bosque, prado y matorral comprendidas entre via Salaria, el viaducto de Olimpica y el centro deportivo de Aqua Acetosa. Aún lo pueblan ardillas, topos, erizos, conejos, puercoespines, garduñas y una rica variedad de aves. Quizá debido a su total abandono y falta de cuidado, en cuanto uno entra en él tiene la sensación de hallarse en pleno bosque. la ciudad y sus ruidos se desvanecen y todo son pinos centenarios, bosquecillos de laurel, senderos fangosos que serpentean entre zarzamoras tupidas y troncos caídos, campos de ortigas y grandes prados y herbazales. Entre la espesura se entrevén viejos edificios cubiertos de piedra, fuentes levantadas por higueras silvestres y búnkers que no se sabe para qué servían. Quien no conozca bien el parque, mejor hará en no aventurarse en él solo, pues podría perderse durante varios días. Y en el subsuelo se hallan las catacumbas de Priscila, en las que los primeros cristianos sepultaban a sus muertos.
Niccolò Ammaniti. Que empiece la fiesta. Anagrama, 2012.
Etiquetas:
Aqua Acetosa,
Castel Sant´Angelo,
catacumbas de Priscila,
Monteverde,
Niccoló Ammaniti,
piazza del Popolo,
Pincio,
Roma,
via Salaria,
viaducto de Olimpica,
Villa Ada,
Villa Borghese,
Villa Doria Pamphili
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario